El color de un vino no es casual. Es el resultado de procesos naturales que ocurren en la uva a lo largo de su desarrollo, especialmente durante el verano. En Viña Peumayen creemos que conocer el origen de cada tono —desde los rojos profundos hasta los dorados brillantes— permite apreciar aún más el carácter de cada vino.
¿De dónde viene el color de la uva?
Aunque muchas personas lo desconocen, la pulpa de la uva es mayoritariamente incolora, incluso en las variedades tintas. El color se encuentra principalmente en la piel, donde se concentran los pigmentos naturales.
En el caso de las uvas tintas, los responsables del color son las antocianinas, compuestos naturales que entregan tonalidades que van desde el rojo rubí hasta el púrpura intenso. En las uvas blancas, en cambio, estos pigmentos están ausentes o en cantidades mínimas, por lo que predominan tonos verdes, amarillos y dorados.
Todas las uvas comienzan verdes
Durante las primeras etapas de crecimiento, todas las uvas son verdes debido a la presencia de clorofila, el mismo pigmento que permite a las plantas realizar la fotosíntesis. En esta fase, el racimo está enfocado en su desarrollo y crecimiento.
El verano y el envero: cuando aparece el color
Con la llegada del verano ocurre una de las etapas más importantes del ciclo de la vid: el envero. Este es el momento en que la uva comienza su maduración y se produce el cambio de color:
- En uvas tintas: pasan de verde a rojo, violeta o azul, gracias a la síntesis de antocianinas.
- En uvas blancas: la clorofila disminuye y aparecen tonos amarillos o dorados más luminosos.
Este proceso no solo define la apariencia de la uva, sino que también está estrechamente ligado al desarrollo de aromas, sabores y estructura.
Temperatura y color: el equilibrio del verano
El clima veraniego cumple un rol clave en la calidad del color:
- Días soleados y noches frescas favorecen una mejor acumulación de antocianinas, logrando colores más intensos y equilibrados.
- Temperaturas excesivamente altas pueden limitar la formación de estos pigmentos, resultando en uvas con menor intensidad cromática.
Por eso, el manejo del viñedo y la observación atenta del clima son fundamentales para alcanzar la expresión deseada en cada variedad.
Más que color: identidad y carácter
Los pigmentos de la uva no solo aportan color. En los vinos tintos, las antocianinas también influyen en la estructura, estabilidad y potencial de guarda, además de estar asociadas a compuestos antioxidantes naturales.
Cada vendimia es distinta, y cada verano deja su huella. En Viña Peumayen, respetamos estos procesos naturales para que cada vino exprese fielmente su origen, su clima y su tiempo.
Porque el color es el primer encuentro con el vino, pero su historia comienza mucho antes, en la uva y bajo el sol del verano.