Peumayen

La apuesta artesanal de vinos Peumayen: “El vino se hace en la parra, no en la botella”

Septiembre es el mes del vino, un producto apetecido por la mayoría de los paladares en el mundo, y por el cual nuestro país es reconocido globalmente. Una botella significa disfrutar y reunirnos en torno a ella, sobre todo para quienes disfrutan el 18 de septiembre; y el 19; y el 20. Sin embargo, detrás de cada copa existe un arduo trabajo, el cual demora años y que es muchas veces invisible.

Francisco Javier Carevic es el mago detrás de los vinos de Peumayen, está involucrado en todo el proceso de producción, fermentación y embotellamiento, defendiendo siempre el sello de la viña familiar: obtener un vino de excelente calidad, teniendo como foco el cuidado del medio ambiente.

La viña cuenta con su propia cosecha de uvas, lo que hace mucho más fácil lograr sabores únicos con las mezclas únicas de sus vid. “Como siempre dice mi padre, el vino se hace en la parra”, comenta Francisco un tanto agitado de tanto trabajo en el campo familiar.

¿Cómo es la producción del vino Peumayen?

“La vendimia es en forma manual, y de ahí pasamos a moler el vino en las bodegas y luego se deja en frío para evitar su fermentación. Después de una semana, y de manera artesanal, el vino se comienza a calentar con unas placas metálicas que se introducen en el estanque, de esta manera, y a 18º grados celsius, se les aplica un par de productos de origen natural para cuidar su calidad.

Una vez que pasa este proceso, y durante aproximadamente 7 días, viene el proceso de remontaje, el cual se debe hacer todos días durante aproximadamente 20 minutos. En este punto, el vino se comienza a “golpear” (forma de mover el vino con una bomba que extrae el jugo desde abajo del contenedor y lo vuelve a verter desde arriba)”.

Cuando Francisco termina este proceso, y durante 1 semana más, mantiene el vino a 20º grados y luego quita el orujo (pellejo de la uva), en donde viene la parte más mágica del proceso: buscar el sabor perfecto.

“Una vez que el vino está listo, una parte se pasa a las barricas, y la otra se mantiene en los tanques; de esta manera una parte de la producción toma un sabor más amaderado. Pero esto no es todo, durante octubre y cuando comienzan a subir las temperaturas, se produce la fermentación maloláctica, propia de los frutos ácidos. Ahí comienza el reposo”.

Luego de dos años de guarda del vino, comienzan las mezclas para dar a los vinos Peumayen un sabor único, aunando toques amaderados con ácidos naturales, gusto que sin duda Francisco atribuye a la calidad de sus uvas: “Como dice mi padre, el vino se hace en la parra”.

¿Cómo es la calidad de su uva?

“A ver, nosotros tenemos un vino sabroso, que recalca los toques frutales y que sin duda es accesible a todos. El tema de la uva es simple, como nosotros tenemos nuestras propias parras podemos jugar con eso; por ejemplo, no dejamos todos los racimos de uvas que salen en la parra, porque sino el sabor no se concentraría. 

Entonces lo que hacemos es descargar la parra, y así los racimos acaparan mucho más sabor y taninos”.

Y esta producción artesanal, ¿afecta en el sabor del vino?

“El sello de Peumayen es que hacemos el vino con nuestras propias manos, quien es dueño de su viña y tiene su uva, puede hacer un proceso mucho más cuidadoso del vino, preocupándose de las uvas, de la fermentación, de la cosecha y de todo lo que implica esta forma de producción. 

En definitiva, nuestras botellas están hechas con cariño y siempre estamos atentos a que cada una salga bien, porque finalmente cada vino que sale de nuestra viña tiene su propia expresión”.

¿Por qué preferir este producto?

Porque es un producto nacional, es un vino con carácter, hecho por los mismos dueños de la viña y porque hay mucho esfuerzo detrás de cada botella. En definitiva, trabajamos con cariño y con el único fin de que a la gente le guste el vino y acercarlo a la cultura vitivinícola. 

Por María José Pavez.